Estudio sobre el perdón

1. Introducción:

Según el diccionario Google, la palabra perdón tiene el siguiente significado:

Nombre masculino:
  1. Acción de perdonar. Ej.: "pedir perdón".
  2. Efecto de perdonar. Ej.: "no tener perdón".
  3. Remisión de una pena, una deuda o una obligación pendiente. Ej.: "el militar golpista declaró que nunca solicitaría el perdón porque él no estaba arrepentido de nada".
  4. Expresión para pedir disculpas por algo que ha hecho o dicho y que puede molestar a los demás. Ej.: "perdón, no era mi intención pisarte; perdón, no quería decir eso".
  5. Expresión de cortesía con la que se introduce una pregunta o una petición. Ej.: "perdón, ¿podrías acercarme la sal?".
  6. “con perdón” Expresión que emplea una persona para disculparse al decir algo malsonante o inadecuado que puede molestar a los demás. Ej.: "sepa usted que todas esas estupideces, con perdón, son totalmente falsas".
Definición: El perdón es disculpar a otro por una acción considerada como ofensa, renunciando eventualmente a vengarse, o reclamar un justo castigo o restitución, optando por no tener en cuenta la ofensa en el futuro, de modo que las relaciones entre ofensor perdonado y ofendido perdonante no queden más o menos afectadas.

El perdonante no "hace justicia" con su concesión del perdón, sino que acata la justicia al renunciar a la venganza, o al justo castigo o compensación, en aras de intereses superiores. El perdón no debe confundirse con el olvido de la ofensa recibida. Tampoco perdona quien no se siente ofendido por lo que otras personas considerarían una ofensa. Tampoco perdona quien deja de sentirse ofendido tras las explicaciones del presunto ofensor que hacen ver la inexistencia originaria de ofensa alguna.

El perdón es obviamente un beneficio para el perdonado, pero también sirve al perdonante (que también está interesado en ver recompuestas total o parcialmente sus relaciones con el ofensor y en ocasiones cumple al perdonar una obligación moral o religiosa) y a la sociedad, pues contribuye a la paz y cohesión sociales y evita espirales de venganzas, motivo por el que religiones y diversas corrientes filosóficas lo recomiendan.


2. El perdón desde el punto de vista de la Palabra de Dios

2.1. En el Antiguo Testamento

En el ATAT Antiguo Testamento el concepto del perdón se expresa principalmente por medio de palabras de raíces diferentes.

כָּפַר kafár, raíz primaria; cubrir (específicamente con betún); figurativamente expiar o condonar, aplacar o cancelar (Levítico 4:20; Salmo 32:1). Generalmente trasmite la idea de expiación, y frecuentemente se emplea en relación con los sacrificios. Su uso para “perdonar” implica que se lleva a cabo una expiación.

Nota: El sustantivo relacionado con este verbo, kopher, se usa principalmente en casos de rescate que cubre la ofensa, no de barrerlo fuera de la vista sino hacer un pago equivalente para que la ofensa sea realmente y exactamente pagada (p. ej., Éxodo 30:12 rescate; Números 35:31; Salmo 49:7; Isaías 43:3)

El verbo נָשָׂא nasá, significa básicamente “levantar”, “llevar”, y nos presenta un cuadro gráfico en que el pecado es retirado del pecador e inmediatamente llevado (Génesis 18:24; Éxodo 28:38). La tercera es סָלַח salákj, raíz primaria; perdonar: perdón, perdonar, querer. De derivación desconocida, pero que en su uso se asemeja mucho a nuestro “perdonar”. (Levítico 4:26; Salmo 130:4).

La primera y la última se utilizan siempre para el perdón de Dios, pero nasá se aplica también al perdón humano. No se considera el perdón como algo obvio, algo que está en la naturaleza de las cosas. Abundan los pasajes que nos hablan de que el Señor no perdona ciertas ofensas (Dt. 29.20; 2 R. 24.4; Jer. 5.7; Lm. 3.42). Cuando se obtiene perdón se trata de algo que debemos recibir con gratitud, y considerar con temor y admiración.

El pecado merece el castigo, mientras que el perdón es una gracia asombrosa. “Pero en ti hay perdón”, dice el Salmista, y añade (lo que quizás nos resultará sorprendente) “para que seas reverenciado” (Sal. 130.4). El perdón es algo que está relacionado con la expiación, mientras que salákj muchas veces tiene que ver con los sacrificios.

Como ya hemos visto, el verbo originado en la raíz kafár tiene el significado esencial de “hacer expiación”. Quizás no sea coincidencia el que, además de emplearse para el perdón de los pecados, nasá se use también para soportar la pena por el pecado (Nm. 14.33s; Ez. 14.10). Aparentemente los dos están relacionados. Esto no quiere decir que Dios sea un ser severo que no perdona sin un quid pro quo. Dios es un Dios de gracia, y los medios para llevar el pecado fueron instituidos por él mismo. Los sacrificios tienen valor solamente porque él ha proporcionado la sangre como medio de expiación (Lv. 17.11).

En ninguna parte nos dice el ATAT Antiguo Testamento que se haya obtenido el perdón de Dios a regañadientes, o que se lo haya comprado por medio del soborno. El perdón es posible, en consecuencia, solamente porque Dios es un Dios de gracia; o si empleamos la hermosa expresión de Neh. 9.17, “un Dios que perdona” (°ci°ci F. Cantera Burgos y M. Iglesias González, Sagrada Biblia, versión crítica, 1975, “un Dios pronto a perdonar”). “De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar” (Dn. 9.9).

Pasaje muy instructivo para entender el perdón en todo el ATAT Antiguo Testamento es Ex. 34.6s, “¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado”.

El perdón se origina en la naturaleza benevolente de Dios. Pero su perdón no es indiscriminado. De ninguna manera “tendrá por inocente al malvado”. Del lado del hombre tiene que haber penitencia para ser perdonado. Aunque esto no aparece como exigencia formal, está implícito en todas partes. Los pecadores penitentes son perdonados. Los impenitentes, que todavía siguen en sus malos caminos, no lo son.

Nota: No hay que hacer penitencia para ser perdonado. La paga del pecado es la muerte, ese sería nuestro castigo, pero Jesús pagó con su sacrificio en la cruz por todos nuestros pecados, y esto evita que recibamos castigo o tengamos que hacer ninguna penitencia.

Debemos tener presente que la idea del perdón se trasmite de un modo sumamente gráfico por otras imágenes, aparte del uso de nuestros tres términos para perdón. El Salmista, por ejemplo, dice que “cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Sal. 103.12). Isaías dice que Dios echó tras sus espaldas todos los pecados del profeta (Is. 38.17), y que “borró” las transgresiones del pueblo (Is. 43.25; cf.cf. confer (lat.), compárese Sal. 51.1, 9). En Jer. 31.34 el Señor dice, “no me acordaré más de su pecado”. Y en Miqueas vemos que echará “en lo profundo del mar” todos nuestros pecados (Mi. 7.19). Lenguaje tan gráfico pone de relieve cuán completo es el perdón de Dios. Cuando él perdona hace desaparecer completamente los pecados de los hombres. No vuelve a verlos más.



2.2. En el Nuevo Testamento

En el NTNT Nuevo Testamento hay dos verbos principales que debemos considerar: jarizomai (que significa “tratar benévolamente”) y afieµmi (‘despachar’, ‘soltar’). El sustantivo afesis, ‘remisión’, también se encuentra con alguna frecuencia. Hay, también, dos palabras más: apolyoµ, ‘liberar’, que se utiliza en Lc. 6.37, “perdonad, y seréis perdonados”; y paresis, ‘un pasar por alto’, empleado en Ro. 3.25 en el sentido de que Dios pasa por alto los pecados anteriores.

En el NTNT Nuevo Testamento se aclaran varios puntos. Uno es que el pecador perdonado debe perdonar a otros, lo que se manifiesta en Lc. 6.37, anteriormente citado, en el Padrenuestro, y en otros lugares. La disposición a perdonar a otros es parte de la indicación de que verdaderamente nos hemos arrepentido. Además, el arrepentimiento debe ser completamente sincero. Emana del perdón de Cristo hacia nosotros, y debe ser como el perdón de Cristo: “de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Col. 3.13). Varias veces Cristo insiste en lo mismo, como lo hace en la parábola de los dos deudores (Mt. 18.23–35).

No siempre se relaciona directamente el perdón con la cruz, aunque a veces ocurre así, como en Ef. 1.7, “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”. Igualmente, en Mt. 26.28 encontramos que la sangre de Cristo fue vertida “por muchos … derramada para remisión de los pecados”. Más usual es encontrarlo directamente relacionado con Cristo mismo. “Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Ef. 4.32). “A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador … para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hch. 5.31). “… por medio de él se os anuncia perdón de pecados” (Hch. 13.38).

Junto a estos deberíamos colocar pasajes en los que Jesús, durante los días que permaneció en la carne, declaró que los hombres eran perdonados. En el incidente de la curación del paralítico que fue bajado a través del tejado, el Señor realizó el milagro expresamente “… para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados” (Mr. 2.10). Pero la persona de Cristo no ha de ser separada de su obra. El perdón por, o a través de, Jesucristo significa un perdón que emana de lo que él es y lo que él hace. En particular, no debe entenderse como algo separado de la cruz, especialmente desde el momento en que a menudo se dice que su muerte fue una muerte “por el pecado” (*Expiación). No por su pecado, sino por el de la humanidad.

Además de los pasajes específicos que unen el perdón con la muerte de Cristo, tenemos todo el impacto de los pasajes neotestamentarios que tratan la muerte expiatoria del Salvador. El perdón descansa básicamente, entonces, en la obra expiatoria de Cristo, lo que equivale a decir que es un acto de pura gracia. “Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Jn. 1.9). Una y otra vez se insiste en que el hombre tiene que arrepentirse. Juan el Bautista predicó “el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados” (Mr. 1.4), tema que adopta Pedro con referencia al bautismo cristiano (Hch. 2.38).

Cristo mismo ordenó que se predicase en su nombre “el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones” (Lc. 24.47). Igualmente, se relaciona el perdón con la fe (Hch. 10.43; Stg. 5.15). No debemos pensar en la fe y el arrepentimiento como méritos que nos hacen merecer el perdón. Más bien son los medios por los cuales hacemos nuestra la gracia de Dios.

Debemos mencionar dos puntos difíciles:

1. Uno es el del pecado contra el Espíritu Santo, que nunca puede ser perdonado (Mt. 12.31s; Mr. 3.28s; Lc. 12.10; cf.cf. confer (lat.), compárese 1 Jn. 5.16). Nunca se define este pecado. Pero a la luz de la enseñanza neotestamentaria, en general es imposible pensar en él como un acto pecaminoso específico. La referencia es más bien a la continua blasfemia contra el Espíritu de Dios de aquel que sistemáticamente rechaza su misericordioso llamado. Esto por cierto es blasfemia.

2. El otro es Jn. 20.23, “a quienes remitiereis los pecados, les son remitidos”. Es extremadamente difícil pensar que Cristo habría de dejar en manos de los hombres la determinación de si deben perdonarse los pecados de otra persona o no. Los puntos importantes son el plural “quienes” (plural gr.gr. griego que se refiere a categorías y no a individuos), y el tiempo perfecto traducido “son remitidos” (que quiere decir “han sido” y no que “serán remitidos”). De modo que el pasaje puede significar que, al ser inspirados por el Espíritu Santo (v.v. versículo(s) 22), los que siguen a Jesús podrán decir con precisión a qué categoría de hombres les son perdonados los pecados y a cuáles no.

3. Conclusión

Perdonar es: renunciar y olvidar completamente una ofensa recibida no guardando resentimientos ni rencor.

La falta de perdón nos lleva al fracaso, pues una persona que no ha aprendido a perdonar tiende a vivir una vida sin paz y tranquilidad en su mente y Corazón.

Hay 4 clases de perdón:

1. Perdonarse a uno mismo:

a) Hay situaciones que producen una desilusión de nosotros mismos que nos hace decir estas palabras: yo no sirvo para nada.

b) Hay actitudes y hechos cometidos por nosotros que nos humillan, nos denigran, y avergüenzan que nos hace pensar que no valemos nada.
  • Tal vemos el caso de Judas en Mateo 27:3-5.
  • Estas clases de faltas requieren de un auto perdón.
  • Perdonarte a ti mismo es aceptar con humildad tu condición real de ser humano.
  • Reconoce que no eres perfecto y comienza a mejorar.
2. Perdonar a otros:

a) Te lastimas a ti mismo cuando no perdonas, mientras el ofensor no se percata de tus sentimientos, tu estas sufriendo por la ofensa que te hizo.

b) Las ofensas de nuestros semejantes duelen muchos máxime cuando se trata de las personas más cercanas, pero saber perdonar nos llevara a la liberación de algo que nos esclaviza. que es la falta de perdón.

c) El perdón a nuestros semejantes nos ayudara a conseguir el perdón de Dios. (Mat.11:25-26)
  • Quienes saben perdonar y olvidar las ofensas poseen una actitud suprema.
  • Solo los que tienen verdadero amor saben perdonar al prójimo.
3. Perdonar a Dios:

a) Muchas veces pensamos que ciertas tragedias son fallas de Dios y culpamos a Dios máxime cuando le servimos.

b) Algunas veces hemos sentido de que Dios no está con nosotros máxime cuando estamos en una situación bien difícil, y decimos de balde es servir a Dios no sabiendo que es porque realmente somos nosotros mismo que no hemos llegado a conocer bien a Dios.
  • Tal es el caso del pueblo de Israel. (Malaquías 3:13-15)
4. El perdón de Dios:

a) Dios es el creador de todo y juez del universo y Dios a pesar de ser Juez no se complace en juzgar si no en perdonar. (Romanos. 5:8)
  • Dios es amor, por eso su naturaleza es perdonar a sus hijos, no importa lo que hallas hecho, Dios te perdona. (Lucas 15: 11-24.)
La misión de la venida de Cristo fue esta: PERDONAR. Donde hay un verdadero arrepentimiento hay un perdón asegurado. Él dijo antes de morir Padre perdónalos no saben lo que hacen. (Lucas 23:34)